3. Exploraciones mexicanas

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Arthur Cravan

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Pese a que el siguiente personaje no es representativo de lo que en México se estaba gestando como propuesta artística a finales de la revolución, hemos decidido iniciar el subtema citando a Arthur Cravan, quien no pasaba desapercibido, ni quería hacerlo. Medía dos metros, pesaba más de cien kilos, era tan grande que “podría formar mi propia República”. Era joven, culto, vanidoso, distinguido, provocador, jovial, inquieto, pasional, independiente, bruto, sutil, grosero, lírico, inestable, fantoche, charlatán, poeta y boxeador.

Le gustaba cerrar la puerta de su pequeño piso mohoso en París con un abrigo estrafalario —cada lado de un color— y desabrochado. Era el uniforme de un ejército con un único soldado, él mismo. Se proclamaba a sí mismo como un “animal superior”. Y trataba siempre de mantener una especie de distinción y elegancia, atributos de modernidad militante. Tenía esa arrogancia de todo sujeto autoproclamado “moderno”, a menudo pueril. Pero con algo diferente. El “moderno” de hoy día es cualquier enamorado de la moda juvenil. En la modernidad de Cravan, sin embargo, junto a toda la infantilidad había verdadera provocación a la moral burguesa.

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Arthur Cravan

Entre 1912 y 1915, en París, fue el editor y único redactor de la revista Maintenant, de la que produjo cinco números. En Maintenant destacan sus poemas, las historias sobre su tío Oscar Wilde impagable “Oscar Wilde está vivo”, (quizás al que más rédito económico sacó) y las críticas a Gide y a Apollinaire además de excentricidades y provocaciones de todo tipo. El autor "muestra una concepción enteramente nueva de la literatura del arte, más cercana a lo que podría ser, en el terreno del gran espectáculo, la del luchador ambulante o el domador”. Llevado de su odio a las librerías enrarecidas donde todo se confunde y, aunque nuevo, está lleno de polvo, Cravan empuja delante de sí el stock de ejemplares de Maintenant en un carrito sin toldo: ¡Veinticinco céntimos el ejemplar!

Maintenant, Arthur Cravan

Arthur Cravan

En cierta ocasión anunció que se suicidaría en público, lo cual concentró un gran número de curiosos a los que, después de acusarlos de voyeuristas, ofreció una conferencia excepcionalmente detallada sobre la entropía.
En 1915, huyendo de la Primera Guerra Mundial, abandonó Francia y se refugió en Barcelona, en donde volvió a ejercer de boxeador. Organizó un combate con el campeón del mundo Jack Johnson, que le dejó K.O. en el sexto asalto, si bien lo tuvo a merced desde el primer instante, Johnson había cobrado dinero por la filmación del combate, estipulando una duración mínima del mismo, por lo que tuvo que esperar al sexto asalto para hacerlo. Según Bertrand Lacarelle, este combate es el primer «happening» de la historia del arte.

Carteles del combate entre Arthur Cravan y Jack Johnson en 1916

Arthur Cravan

Arthur se formó en la calle. En París, Berlín, Barcelona, Nueva York, México, en las grandes ciudades de principios del siglo veinte, entre artistas, alcohol y bares. Hay pocas profesiones que pueden ahondar en el carácter de una persona y servir para describirla como lo hacen la de poeta…, y la de boxeador. Son sustantivos con una enorme carga adjetiva. Imagínenlos unidos en un sola persona. No había un Cravan poeta y otro boxeador, era un solo ser que brillaba con desparpajo e inteligencia, y que solo albergaba un miedo, el de que en algún momento la juventud terminará.

Carteles del combate entre Arthur Cravan y Jack Johnson en 1916

Arthur Cravan

Desde que se fue a Nueva York en 1904, con 17 años, hasta que llegó a París en 1909, con 22, su vida fue un viaje. En menos de un año, fue recolector de naranjas en California, leñador en Australia, mulero, marinero en el Pacífico, peón y chofer en Berlín. En 1917, abandonó Europa para volver a Nueva York, donde se dedicó a dar conferencias, criticando ferozmente pero con humor a cualquier artista que estuviera de moda. Otro capítulo esencial de su fulgurante vida es cuando se enamora. Cae rendido a los pies de Mina Loy, artista y dramaturga. El romance coincide con la época de mayor inspiración poética de Arthur Cravan. El plan final le lleva a México donde da clases de boxeo en el Jockey Club. Mina se marcha a Argentina y la situación le obliga a escribir su libro de más éxito, Las Cartas de Amor a Mina Loy.

Arthur Cravan pintado por Picabia

El corto periodo en México fue difícil, a la ausencia de Mina se le sumaron los problemas económicos. Hay muchas historias y leyendas sobre el final de la vida de Arthur Cravan, la historia más divulgada cuenta que desapareció a bordo de una pequeña barca en el Golfo de México en busca de la amada, no llegaría a Buenos Aires o al menos, no se supo más de él. El último viaje conocido del primer “moderno”, misterioso, osado, descabellado.

La vida en absoluto es lo que uno puede creer
Una obra sencilla donde toda su historia posee
Es mucho más que una batalla y todo en ello se ve
Y el mal y el bien sujetos por la misma ley
Cada hora un color tiene que se va borrando
Únicamente un pájaro sus huellas va dejando
En vano querrá el recuerdo con sus varios colores
Reunir en un ramo los muy diversos olores
El recuerdo solo puede las cenizas remover
Cuando espera que al pasado logrará descender
.
Arthur Cravan

Arthur Cravan
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Maintenant, Arthur Cravan

  • Entre 1912 y 1915, en París, fue el editor y único redactor de la revista Maintenant, de la que produjo cinco números. En Maintenant destacan sus poemas, las historias sobre su tío Oscar Wilde impagable “Oscar Wilde está vivo”, (quizás al que más rédito económico sacó) y las críticas a Gide y a Apollinaire además de excentricidades y provocaciones de todo tipo. El autor "muestra una concepción enteramente nueva de la literatura del arte, más cercana a lo que podría ser, en el terreno del gran espectáculo, la del luchador ambulante o el domador”. Llevado de su odio a las librerías enrarecidas donde todo se confunde y, aunque nuevo, está lleno de polvo, Cravan empuja delante de sí el stock de ejemplares de Maintenant en un carrito sin toldo: ¡Veinticinco céntimos el ejemplar!
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Carteles del combate entre Arthur
Cravan y Jack Johnson en 1916

  • En cierta ocasión anunció que se suicidaría en público, lo cual concentró un gran número de curiosos a los que, después de acusarlos de voyeuristas, ofreció una conferencia excepcionalmente detallada sobre la entropía.
    En 1915, huyendo de la Primera Guerra Mundial, abandonó Francia y se refugió en Barcelona, en donde volvió a ejercer de boxeador. Organizó un combate con el campeón del mundo Jack Johnson, que le dejó K.O. en el sexto asalto, si bien lo tuvo a merced desde el primer instante, Johnson había cobrado dinero por la filmación del combate, estipulando una duración mínima del mismo, por lo que tuvo que esperar al sexto asalto para hacerlo. Según Bertrand Lacarelle, este combate es el primer «happening» de la historia del arte.
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Carteles del combate entre Arthur
Cravan y Jack Johnson en 1916

  • Arthur se formó en la calle. En París, Berlín, Barcelona, Nueva York, México, en las grandes ciudades de principios del siglo veinte, entre artistas, alcohol y bares. Hay pocas profesiones que pueden ahondar en el carácter de una persona y servir para describirla como lo hacen la de poeta…, y la de boxeador. Son sustantivos con una enorme carga adjetiva. Imagínenlos unidos en un sola persona. No había un Cravan poeta y otro boxeador, era un solo ser que brillaba con desparpajo e inteligencia, y que solo albergaba un miedo, el de que en algún momento la juventud terminará.
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Arthur Cravan pintado por Picabia

  • Desde que se fue a Nueva York en 1904, con 17 años, hasta que llegó a París en 1909, con 22, su vida fue un viaje. En menos de un año, fue recolector de naranjas en California, leñador en Australia, mulero, marinero en el Pacífico, peón y chofer en Berlín. En 1917, abandonó Europa para volver a Nueva York, donde se dedicó a dar conferencias, criticando ferozmente pero con humor a cualquier artista que estuviera de moda. Otro capítulo esencial de su fulgurante vida es cuando se enamora. Cae rendido a los pies de Mina Loy, artista y dramaturga. El romance coincide con la época de mayor inspiración poética de Arthur Cravan. El plan final le lleva a México donde da clases de boxeo en el Jockey Club. Mina se marcha a Argentina y la situación le obliga a escribir su libro de más éxito, Las Cartas de Amor a Mina Loy.
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  • El corto periodo en México fue difícil, a la ausencia de Mina se le sumaron los problemas económicos. Hay muchas historias y leyendas sobre el final de la vida de Arthur Cravan, la historia más divulgada cuenta que desapareció a bordo de una pequeña barca en el Golfo de México en busca de la amada, no llegaría a Buenos Aires o al menos, no se supo más de él. El último viaje conocido del primer “moderno”, misterioso, osado, descabellado.

    La vida en absoluto es lo que uno puede creer
    Una obra sencilla donde toda su historia posee
    Es mucho más que una batalla y todo en ello se ve
    Y el mal y el bien sujetos por la misma ley
    Cada hora un color tiene que se va borrando
    Únicamente un pájaro sus huellas va dejando
    En vano querrá el recuerdo con sus varios colores
    Reunir en un ramo los muy diversos olores
    El recuerdo solo puede las cenizas remover
    Cuando espera que al pasado logrará descender
    .
    Arthur Cravan

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Arthur Cravan

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La modernolatría de Marinetti traspasó fronteras y llegó a México, alcanzando a sus colegas mexicanos, también poetas de vanguardia. El último día de 1921, sólo cinco años después de que los primeros futuristas hubieran concluido su experiencia en Italia, apareció pegado en varios muros del primer cuadro de la Ciudad de México un texto del poeta Manuel Maples Arce, la hoja Actual n.º 1, que habría de convertirse en el manifiesto de partida del Estridentismo mexicano.

El Estridentismo fue un movimiento artístico y de vanguardia  interdisciplinario, que surgió el 31 de diciembre de 1921 en la Ciudad de México, aparecen, y no por casualidad, en el «directorio de vanguardia» que incluye Maples Arce en la hoja-manifiesto Actual n.º 1, Marinetti, Guillermo de Torre, Vicente Huidobro, Jorge Luis y Norah Borges, Pedro Garfias… A él se sumaron Arqueles Vela, Germán List Arzubide, Salvador Gallardo, Germán Cueto, Fermín Revueltas, Ramón Alva de la Canal, Luis Quintanilla y Leopoldo Méndez, quienes constituirían el grupo estridentista, propiamente dicho.

Estridentismo mexicano

En un tono semejante al del futurismo que hemos revisado, solo que por vez primera en México, enuncian:
Es necesario exaltar en todos los tonos estridentes de nuestro diapasón propagandista, la belleza actualista de las máquinas, de los puentes gímnicos reciamente extendidos sobre las vertientes por músculos de acero, el humo de las fábricas, las emociones cubistas de los grandes trasatlánticos con humeantes chimeneas de rojo y negro, anclados horoscópicamente –Ruiz Huidobro– junto a los muelles efervescentes y congestionados, el régimen industrialista de las grandes ciudades palpitantes, las blusas azules de los obreros explosivos en esta hora emocionante y conmovida; toda esta belleza del siglo […], tan ampliamente dignificada y comprendida por todos los artistas de vanguardia.

Los principales animadores del estridentismo, como en los movimientos anteriores, vuelven a ser poetas y literatos: Manuel Maples Arce, Germán List Arzubide, Arqueles Vela, Salvador Gallardo, Luis Quintanilla (o Kin-Taniya), Miguel Aguillón… Ello no excluyó, la participación de importantes artistas plásticos como Fermín Revueltas, Ramón Alva de la Canal, Leopoldo Méndez, Germán Cueto, Jean Charlot...

Manuel Maples Arce
Estridentismo mexicano

Los insultos e improperios a los héroes nacionales sólo podían tener el mérito de sacudir a las conciencias más tradicionales:

"CAGUÉMONOS: Primero: En la estatua del Gral. Zaragoza, bravucón insolente de zarzuela (…). Horror a los ídolos populares. Odio a los panegiristas sistemáticos", etc. Por último, proclamaban: "Como única verdad, la verdad estridentista. Defender el estridentismo es defender nuestra vergüenza intelectual. A los que no estén con nosotros se los comerán los zopilotes. El estridentismo es el almacén de donde se surte todo el mundo. Ser estridentista es ser hombre. Sólo los eunucos no estarán con nosotros. Apagaremos el sol de un sombrerazo. FELIZ AÑO NUEVO. ¡VIVA EL MOLE DE GUAJOLOTE!"

En 1925, los principales estridentistas se establecen en la ciudad de Xalapa haciendo de la ciudad moderna su principal y más productiva obsesión estética, al punto de que llegaron a concebir allí la utopía de Estridentópolis, donde realizan una gran labor editorial, cultural y educativa, colaborando en la fundación de la Universidad Veracruzana http://www.uv.mx/, bajo los auspicios del gobernador de Veracruz Heriberto Jara, hasta que éste fue depuesto, por el gobierno federal, debido a su apoyo a la defensa de los derechos de los obreros frente a las compañías petroleras estadounidenses y británicas, en la cuestión de la explotación petrolera.

El núcleo del grupo estridentista. De izquierda a derecha. Germán List Arzubide, Ramón Alva de la Canal, Manuel Maples Arce, Leopoldo Méndez y Arqueles Vela (Xalapa, Veracruz, 1925)

Actuaron, en consecuencia, como verdaderos misioneros culturales de la ciudad moderna en México.

Su eclecticismo los llevó a procurar una simbiosis original entre todas las tendencias de la vanguardia, además de desarrollar una dimensión actualista y social, derivada de la Revolución Mexicana.

El contexto histórico, finiquitada ya la Revolución y reforzada la conciencia nacionalista, recuerda mucho el marco bélico-patriotero en que se desenvolvieron los futuristas de Milán. El estridentismo acusa análogo espíritu turbulento, agitador y provocador, heredado en este caso de la Revolución Mexicana, a cuyo espíritu quisieron aportar los estridentistas un «sentido estético»; es decir, aprovecharon la inercia de la Revolución para provocar una renovación estética, pero también político-social.

La modernidad ligada al progreso tecnológico se convierte en un modelo maquinista de desarrollo; una modernidad que tiene sus referentes iconográficos en el ferrocarril, las chimeneas humeantes, las grandes fábricas industriales, el cableado eléctrico visto, el automóvil, los edificios altos, las obras de ingeniería civil… y la ciudad industrial en su conjunto. Es justo esa relación humana con el papel que juega en este contexto de exaltación tecnológica, y su vivencia cultural de la modernidad lo que los estridentistas abordan y reflejan en sus obras.

La emoción poética de los estridentistas, como la nueva ciudad a la que cantan, es «desordenada», lo cual no deja de ser un reflejo de la Revolución, donde, como dice un verso de Maples Arce, «todo es confusión».

Eran “La primera subversión intelectual que se hace en América” y no es casual que List Arzubide haya dedicado su libro sobre la historia del estridentismo a Huitzilopochtli (dios azteca de la guerra y de las tempestades), a quien considera, además, «manager» del movimiento. Ese desorden estético-artístico y existencial se vio reflejado incluso en el propio físico de los protagonistas: entre los estridentistas abundaron las cabelleras despeinadas (muchos fueron jóvenes «mechudos») aunque practicantes del dandismo frívolo y heterodoxia en el vestir. Unos versos de Luis Quintanilla son muy elocuentes a este respecto: “marchemos al ritmo desordenado de nuestras jóvenes mandíbulas crujientes de rabia”. Todo ello atestigua una vez más la querencia de los estridentistas por la forma fragmentaria, angular y desconectada.

Los distintos escritos de los estridentistas exaltan invariablemente una serie de componentes urbanos que resultan prototípicos de la modernidad; modernidad y ciudad vienen a ser así las dos caras de una misma moneda.

Más allá de pinturas y fotografías estridentistas, la capacidad de cables y postes del tendido eléctrico como símbolos de modernidad y progreso ha sido extraordinaria. Esa identificación caló hondo en el imaginario colectivo de los mexicanos del siglo XX.

Fermín Revueltas, Andamios exteriores, 1923, Munal, México

Como presenta José Manuel Prieto González en su texto El Estridentismo mexicano y su construcción de la ciudad moderna a través de la poesía y la pintura: http://www.ub.edu/geocrit/sn/sn-398.htm

Tina Modotti, Vista parcial del sistema telegráfico 1927

Los estridentistas, como los futuristas, se sintieron atraídos por el hombre-masa urbano, por las multitudes, porque a través de ellas era posible expresar la grandeza de la ciudad y de los nuevos tiempos. La multitud se da naturalmente en la ciudad, entendida como concentración humana, y puede ser inducida a través de manifestaciones de diversa índole, tanto de motivación lúdica o festiva como cívico-asamblearia y de protesta.

Las consecuencias derivadas de esta situación son paradójicas: por una parte, se está propiciando un tipo de hombre autómata, mecanizado, alienado, deshumanizado y materialista, análogo al que vemos trabajando en las factorías recreadas por películas como Metrópolis (Fritz Lang, 1927) y Tiempos Modernos (Charles Chaplin, 1936).

Escena de Tiempos Modernos, Chaplin 1936

Por otra parte, la modernidad permite cierto margen de liberación en colectivos tradicionalmente sometidos, como el de las mujeres, avalando incluso conductas feministas, como bien atestigua el personaje de la señorita Etcétera en la novela de Arqueles Vela.

Tina Modotti Manifestación de trabajadores 1° de mayo de 1926

Más allá de puntuales colaboraciones de mujeres vanguardistas como Tinna Modotti (que ilustra el poemario El canto de los hombres [1927], de List Arzubide), no hay mujeres estridentistas propiamente dichas.

Sin embargo, la mujer no provoca en el movimiento el desprecio que suscitó entre los futuristas italianos. Como personaje literario, Arqueles Vela ha otorgado a la mujer papeles protagónicos, tanto en El Café de Nadie (Mabelina) como en La señorita Etcétera. Pero no hay que perder de vista el tipo específico de personaje que se asigna a esas mujeres (prostituta y feminista respectivamente), sobre todo de cara a una sociedad abrumadoramente machista. Es decir, interesa una mujer extrema, polémica, escandalosa, una mujer fuera de lo común, poco representativa del colectivo genérico de las mujeres.

Un performance estridentista de los años 20

Para concluir, de semejante manera que con el Futurismo y Dadá, lo que nos queda como vestigio de un movimiento como el estridentista, son sus aportaciones literarias y gráficas; sin embargo, debemos reconocer que pese a su longevidad es una de las vanguardias históricas menos y peor conocidas y preservadas, sobre todo en lo que se refiere a sus derivaciones estéticas en tanto eventos o acciones. El anecdotario popular, sin embargo, ofrece el valor de la memoria preservada de boca en boca, lo que de menos ha hecho sobrevivir a nivel de mito urbano, una imagen emblemática o representativa de las intervenciones estridentistas en el cotidiano urbano. En investigación de la doctora Elissa Joy Rashkin: “En algún momento de los años veinte en Xalapa, alguien sube un automóvil Ford a las escaleras de la catedral, que luego baja manejando; este acto de performance queda documentado en fotografías sin fecha ni autor, pero no por eso menos espectaculares.

En el libro Imágenes de Xalapa a principios del siglo XX, se identifica al intrépido motorista como Othón M. Vélez… la familia de List Arzubide recordaba la versión del evento contada por su padre, en la cual no quedaba duda de la afiliación estridentista del acto. Por otra parte, en su novela histórica Los años con Laura Díaz (1999), Carlos Fuentes atribuye el performance automovilístico a un Xavier Icaza ficticio, personaje que representa el estridentismo en la novela, y lo explica como un gesto audaz realizado con el fin de impresionar a la joven Ana Güido mientras ella asistía a misa en la catedral.

De hecho, una de las fotos del evento, encontrada en un puesto callejero y que aún no hemos podido localizar en los acervos oficiales, nos permite verificar la presencia de no uno, sino dos hombres en el carro, aunque desafortunadamente la foto no tiene suficiente claridad como para identificarlos. Por ahora, la verdadera historia de este acto "performático" permanece en las sombras.

Probable primer performance en México por estridentistas en 1922.
Un Ford T desciende la escalinata de la catedral de Xalapa.
(Centro de Investigaciones Históricas, UV)

No obstante, el no conocer los detalles del evento no quita el valor simbólico de la imagen, pues en ella se resume gráfica y sintéticamente el proyecto modernizador emprendido por los estridentistas, primero en la esfera literaria y cultural, y luego, a través de su colaboración con el gobierno jarista, en el escenario más amplio de las políticas públicas y los imaginarios sociales.

La velocidad del carro, que implica movimiento en el tiempo y el espacio, reemplaza la solemnidad imponente e inmóvil de la catedral. Se sustituye la religión por la fe infinita en las bondades de la tecnología y la ciencia moderna, y en las caras de los dos hombres, rodando sobre los desgastados escalones del caduco pasado, vemos la deslumbrante emoción de un presente agitado, dinámico y maravilloso, las promesas de un futuro mejor... y, en las palabras poéticas del estridentista Salvador Gallardo (1925), "un bostezo fugaz de gasolina".

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Conchita Jurado

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Ciudad de México a mediados de los años 20´s

Hemos visto el gesto Duchampiano, del desdoblamiento de su personalidad en un alter-ego mítico encarnado en mujer, pensemos ahora en una suerte contraparte mexicana.

El escritor Joel López Zepeda describe en su libro Don Carlos Balmori: En los anales de la historia oculta mexicana, nunca un personaje ha hecho tantos estragos en la vida política, civil y militar, como lo hizo en su momento “Conchita” Jurado y su compinche el mítico español Don Carlos Balmori, personaje que no admite rival en los fastos del ingenio histriónico. Notable por su inmensa fortuna, se sabía además, amigo íntimo del Presidente Plutarco Elías Calles, quien le procuró una de las impunidades más inverosímiles que ha tenido personaje alguno.

Entre otra de sus gracias se le conocía por ser un enamorado a más no poder, sólo cabe mencionar que fue casado “legalmente” 108 veces. Hoy en día, un manto oscuro se posa sobre su imponente persona, borrado de las crónicas oficiales, su vida y obras se han cubierto con la pátina del tiempo, en el entendido que de no ser así, se verían desenmascarados apellidos famosos que en un momento de ofuscación, aceptaron amar, servir y humillarse ante quien a cambio de sus favores, les ofrecía inmensas fortunas.

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Conchita Jurado

Arturo Ortega Morán describe así el happening crónico llamado Balmoreada incluyendo la última vez que se efectuó. El sitio de esta palabra está en el México de los años veinte y atada a la historia de una mujer que supo, a su manera, sorprender a una sociedad aún aturdida por la recién terminada Revolución Mexicana. Fue Conchita Jurado, actriz en el México porfirista.

Conchita Jurado nació en 1865, en el seno de una familia acomodada. Cuando terminó la Revolución Mexicana, ya retirada, misteriosos impulsos la llevaron a idear una extravagante forma de diversión. En complicidad con varios intelectuales de la época, disfrutaba haciendo bromas pesadas a importantes personajes.

Conchita Jurado

Conchita, aprovechando sus dotes histriónicos, disfrazada de hombre, encarnaba a Carlos Balmori, personaje ficticio que se presentaba como un millonario español ante sus víctimas. Así, engañó a políticos, militares, periodistas, escritores y hasta señoras casadas. Los convencía de quebrantar sus convicciones o de efectuar acciones ridículas o inmorales, a cambio de una parte de su cuantiosa pero inexistente fortuna.
Cuando lograba su objetivo, entonces se presentaba como Conchita Jurado y ponía al descubierto la broma. Lo curioso era que el embromado, lejos de enfadarse, se unía a la celebración y se prestaba para proponer a una nueva víctima. Así, durante cerca de cinco años, hubo damas que dejaron a sus novios, políticos que accedieron a cambiar de partido, militares dispuestos a desertar, etc. Todos, seducidos por una fortuna que nunca existió. A estas bromas de Carlos Balmori, que en su momento se hicieron célebres, se las llamó balmoreadas, voz que llegó a generalizarse para referirse a cualquier broma pesada.

Conchita Jurado

La última Balmoreada
Conchita Jurado murió en 1931. Quienes la conocieron nunca la olvidaron y, en 1960, el doctor Luis Cervantes, que en las balmoreadas personificaba al secretario de Carlos Balmori, citó al escritor Armando Jiménez (el autor de Picardía mexicana) para proponerle que publicara las memorias de Conchita Jurado. Por tener otros compromisos, y dada su responsabilidad, Jiménez se resistió. Pero, cuando a cambio le ofrecieron un rancho, tuvo razón para pensarlo otra vez y asegurarse de que no era una vacilada. Así lo platica el propio Armando:
...no iba yo a ser también un puerquito (así nombraban Conchita Jurado y sus secuaces a la víctima en turno de las balmoreadas). Me informé con los trabajadores y los vecinos que el doctor Luis Cervantes era el verdadero dueño del rancho y que la persona con la que yo había estado hasta hacía un rato se llamaba así y no era un impostor. También, que la propiedad no tenía hipoteca ni estaba en litigio.

Conchita Jurado

Una vez aceptado el trato, se reunieron en el susodicho rancho para firmar el contrato. Armando Jiménez no podía contener la emoción de verse rico y, por fin, con los medios para dedicarse sin preocupación a la literatura. No obstante, en el momento en que estampaba su firma, el notario se quitó anteojos, bigotes y patillas; la secretaria se quitó peluca y anteojos y la sala se llenó de sonoras carcajadas y de personas; todos, reconocidos artistas e intelectuales, que festejaban el éxito de la última Balmoreada. Compungido pero resignado, dice don Armando: ¿Cómo me dejé engañar, estando enterado por las Memorias, de cuanta broma hicieron el doctor (¡que el diablo lo conserve en fuego manso!), Concepción Jurado y sus compinches? De la suculenta cena apenas probé bocado; ofrecí disculpas y me acosté temprano. Toda la noche hubo risotadas en la sala, mientras yo me levantaba de la cama media docena de veces para visitar el excusado.

Conchita Jurado

Nos comenta Andrea Ferreyra sobre su deceso: ...Murió en 1931 y un año más tarde sus amigos realizaron en su tumba una especie de homenaje, colocando azulejos que, a manera de retablos, cuentan las hazañas de su ilustre alter ego. La tumba presenta ambos nombres Concepción Jurado y Carlos Balmori y se encuentra en el Panteón de Dolores, en México, D.F. Resulta curioso que en dicha tumba se robaran los azulejos que representan a Conchita Jurado mientras sobreviven los que representan a su alter ego Don Carlos Balmori quien finalmente logró mayor trascendencia. Al igual que Arthur Cravan, Conchita Jurado no inscribió sus acciones en un proyecto artístico sólo fue una artífice de lo imposible, maestra del simulacro y del desdoblamiento de la realidad…

Conchita Jurado
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  • Arturo Ortega Morán describe así el happening crónico llamado Balmoreada incluyendo la última vez que se efectuó. El sitio de esta palabra está en el México de los años veinte y atada a la historia de una mujer que supo, a su manera, sorprender a una sociedad aún aturdida por la recién terminada Revolución Mexicana. Fue Conchita Jurado, actriz en el México porfirista.

    Conchita Jurado nació en 1865, en el seno de una familia acomodada. Cuando terminó la Revolución Mexicana, ya retirada, misteriosos impulsos la llevaron a idear una extravagante forma de diversión. En complicidad con varios intelectuales de la época, disfrutaba haciendo bromas pesadas a importantes personajes.
  • Conchita, aprovechando sus dotes histriónicos, disfrazada de hombre, encarnaba a Carlos Balmori, personaje ficticio que se presentaba como un millonario español ante sus víctimas. Así, engañó a políticos, militares, periodistas, escritores y hasta señoras casadas. Los convencía de quebrantar sus convicciones o de efectuar acciones ridículas o inmorales, a cambio de una parte de su cuantiosa pero inexistente fortuna.

    Cuando lograba su objetivo, entonces se presentaba como Conchita Jurado y ponía al descubierto la broma. Lo curioso era que el embromado, lejos de enfadarse, se unía a la celebración y se prestaba para proponer a una nueva víctima. Así, durante cerca de cinco años, hubo damas que dejaron a sus novios, políticos que accedieron a cambiar de partido, militares dispuestos a desertar, etc. Todos, seducidos por una fortuna que nunca existió. A estas bromas de Carlos Balmori, que en su momento se hicieron célebres, se las llamó balmoreadas, voz que llegó a generalizarse para referirse a cualquier broma pesada.
  • La última Balmoreada
    Conchita Jurado murió en 1931. Quienes la conocieron nunca la olvidaron y, en 1960, el doctor Luis Cervantes, que en las balmoreadas personificaba al secretario de Carlos Balmori, citó al escritor Armando Jiménez (el autor de Picardía mexicana) para proponerle que publicara las memorias de Conchita Jurado. Por tener otros compromisos, y dada su responsabilidad, Jiménez se resistió. Pero, cuando a cambio le ofrecieron un rancho, tuvo razón para pensarlo otra vez y asegurarse de que no era una vacilada. Así lo platica el propio Armando:
    ...no iba yo a ser también un puerquito (así nombraban Conchita Jurado y sus secuaces a la víctima en turno de las balmoreadas). Me informé con los trabajadores y los vecinos que el doctor Luis Cervantes era el verdadero dueño del rancho y que la persona con la que yo había estado hasta hacía un rato se llamaba así y no era un impostor. También, que la propiedad no tenía hipoteca ni estaba en litigio.
  • Una vez aceptado el trato, se reunieron en el susodicho rancho para firmar el contrato. Armando Jiménez no podía contener la emoción de verse rico y, por fin, con los medios para dedicarse sin preocupación a la literatura. No obstante, en el momento en que estampaba su firma, el notario se quitó anteojos, bigotes y patillas; la secretaria se quitó peluca y anteojos y la sala se llenó de sonoras carcajadas y de personas; todos, reconocidos artistas e intelectuales, que festejaban el éxito de la última Balmoreada. Compungido pero resignado, dice don Armando: ¿Cómo me dejé engañar, estando enterado por las Memorias, de cuanta broma hicieron el doctor (¡que el diablo lo conserve en fuego manso!), Concepción Jurado y sus compinches? De la suculenta cena apenas probé bocado; ofrecí disculpas y me acosté temprano. Toda la noche hubo risotadas en la sala, mientras yo me levantaba de la cama media docena de veces para visitar el excusado.
  • Nos comenta Andrea Ferreyra sobre su deceso: ...Murió en 1931 y un año más tarde sus amigos realizaron en su tumba una especie de homenaje, colocando azulejos que, a manera de retablos, cuentan las hazañas de su ilustre alter ego. La tumba presenta ambos nombres Concepción Jurado y Carlos Balmori y se encuentra en el Panteón de Dolores, en México, D.F. Resulta curioso que en dicha tumba se robaran los azulejos que representan a Conchita Jurado mientras sobreviven los que representan a su alter ego Don Carlos Balmori quien finalmente logró mayor trascendencia. Al igual que Arthur Cravan, Conchita Jurado no inscribió sus acciones en un proyecto artístico sólo fue una artífice de lo imposible, maestra del simulacro y del desdoblamiento de la realidad…

Referencias bibliográficas

Archivo Situacionista Hispano. (s/f). Situacionistas. Recuperado de:
http://sindominio.net/ ash/ash.htm.

Aspects: Mexico. (noviembre de 2006). Searching for El Café de Nadie. Youtube. Recuperado de:
https://www.youtube.com/ watch?v=18FU5lczevU.

Cenidiap INBA. (abril de 2008). Alva de la Canal. YouTube. Recuperado de:
https://www.youtube.com/ watch?v=gs7HwrNhX5E.

Clionaútica. (31 de enero de 2011). Don Carlos Balmori: burlándose del México de los años 20. Clionaútica [Blog]. Recuperado de:
http://clionautica.blogspot.mx/2011/01/ don-carlos-balmori-burlandose-del.html.

EnCaribe. (s/f). Movimiento estridentista. EnCaribe. Recuperado de:
http://www.encaribe.org/es/ article/movimiento-estridentista/1000.

La Crónica de Hoy. (septiembre de 2015). Historia en Vivo (Carlos Balmori). La Crónica de Hoy. Recuperado de:
Historia en Vivo (Carlos Balmori).

La Crónica de Hoy. (septiembre de 2015). Historia en Vivo (Carlos Balmori, el farsante). La Crónica de Hoy. Recuperado de:
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